vade retro, congresista

Cinco abejas obreras y un viaje a la muerte

Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos.

Carlos Fuentes

Publicado: 2014-01-13

Habíamos llegado con toda normalidad después de un largo viaje; motivos sociales educativos nos llevaron a ese pueblo tan maravilloso y alejado de las grandes ciudades. Aczo Querido. Descansamos en el silencio de la noche previa conversación de rutina y preparación de agenda. Amaneció el distrito en el verdor de su naturaleza, lleno de aire puro, vegetales frescos de pigmento verde y multicolor a la orden del gran sol que se imponía en toda la perspectiva de los apus (cerros).   

El humo y aroma de las casas bellas, decentes, tarrajeadas de tierra roja llamaban al desayuno agradable; así fue, nos dirigimos por invitación del anfitrión, antes, fuimos por las fotos del recuerdo… caminamos por un sendero no permitido para cortar el tramo, llegamos al maizal, ahí empezaron las fotos, aquí una, otra allá, así nos fuimos acercando, de pronto me acerqué a quince o veinte metros de una gran colonia de abejas (Apis Mellifera) las abejas domésticas, esas abejas sanas, productoras de miel, polen, común en todas partes del mundo, totalmente pacíficas, eso, siempre en cuando no invades su territorio; fue mi culpa lo sé, invadí el radio de la colonia y apenas seis o siete apis mellifera se acercaron zumbando, me desesperé, me cubrí el rostro, tan rápido fue todo que ya tenía tres aguijones en el cuello y dos en la muñeca, todos suministrándome toxinas liberadas por las abejas que sacrificaron sus vidas en defensa de su territorio. Ejemplo a seguir.

Pasó breves minutos y de lección aprendida de no desesperarse así como el maestro lo hizo, seguimos ya lejos de la colonia. Todos menos yo, fotos por aquí, por allá y en todas partes, una con las gallinas japonesas, otra con las granadillas, el aguaymanto, con el palto…

Seguimos en esa rutina, pero mi mundo personal, mi yo interior, era otro, pienso, creo, digo, estaba iniciando un viaje al lugar del silencio absoluto, placentero, ahí mismo se iba apagando mi organismo, lentamente se apagaba, y se apagó!! de pronto no era nada, absolutamente nada… en el exterior de mi, solo mi cuerpo de carne y hueso… voces, mi nombre, mi nombre, ...voces... exterior, miedo, acción, que hacemos?... esto, el otro...!!!

Así empezó esa breve desesperación para otros y misterio para mí. Las toxinas liberadas habían entrado a mis células, creándome intranquilidad, desesperación, por recomendación me remojé medio cuerpo, comí limones; así emprendimos el retorno a nuestro punto de agenda, caminamos por el mismo sendero tipo fila india, yo iba último, y el maestro siempre me preguntaba, como iba, y yo respondía siento que mis ojos ven amarillo y quieren perder la visión pero ahí vamos, así repetidas veces me volvía a preguntar y mi visión se iba perdiendo como el reflejo de la luz de Orión, de pronto vi en dorado los pétalos de un girasol maduro, luego oscuro y me senté al pie de una higuera, me desvanecí por completo... a partir de ese lapso no recuerdo nada de lo exterior… ahí inició mi experiencia, pienso, creo, digo, un sueño, o la muerte, sí, la misma muerte, que me dio la bondad de conocerle muy muy de cerca… vi que mi mamita linda me llevaba en un manto gris, de rayas oscuras en horizontal, estábamos solos, nos dirigíamos por un lugar completamente silencioso y altamente placentero… eso fue mi sueño o la muerte, sí, fue la muerte que me dio la bondad de conocerle. Mientras yo vivía mi mundo, mis amigos, colegas, maestro, acompañantes vivían una desesperación porque mi cuerpo era solo cuerpo que convulsionaba y cada vez más tieso, me cargaron para trasladarme al centro de salud, en ese lapso empecé a reaccionar de lo que había sido clínicamente un shock anafiláctico expresado en síntomas de taquicardia, mareo y pérdida completa de la conciencia.

Recuperarme se me hizo difícil, todo fue lento, muy lento. Pienso que volví a nacer, o nací por segunda vez, ese día sería un quince de noviembre del dos mil trece en ese lugar que nunca olvidaré por alguna u otra razón que me inspira siempre volver.

Si leíste mi breve relato, no temas a las abejas, son cariñosas y de cuando en cuando seguro que te alimentas de su miel. Solo debes saber si eres alérgico a las picaduras, y jamás invadas su territorio, eso es lo más importante. En todo el mundo existen abejas domésticas, son pacíficas y muy trabajadoras.

Cuando viajes a cualquier punto de tu destino tus padres o familiares deben saber que a veces no puede cumplirse tus palabras de retorno, hoy mismo vuelvo, esto es de ida y vuelta, mañana o pasando, mejor decir vuelvo y sino ya sabes dónde estamos, quien quiere escuchar eso, nadie, verdad… se nos hace difícil hablar de la muerte… pero no es así, es hermoso, muy hermoso, según yo, pienso, creo, digo, saber que tu madre quién te dió luz de vida te devuelva al paraíso donde todo es silencio y placentero… es mágico… no temas a nada… haz cosas grandes, pues ya vez si crees en mi historia, podemos sentir que la vida puede ser muy corta…

Emil Mejía

Chondabamba, 15/11/13


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Emil Mejía

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